Soy Anasilvia Salazar, tengo 23 años, nací y crecí en un pueblito de Huehuetenango llamado San Antonio Huista, ubicado aproximadamente a 370 km. de la Ciudad de Guatemala. Estudié hasta los 18 años ahí, me gradué de Maestra de Educación Primaria Urbana en el año 2008, con muchos logros obtenidos y muchos sueños por cumplir.

Desde pequeña me llamó mucho la atención todo lo referente a la tecnología, aunque en mi casa no teníamos muchos aparatos electrónicos, eso no frenó mi curiosidad por aprender sobre el tema. Recuerdo que cuando tenía alrededor de 12 años, me encantaba visitar a mis primos que tenían una computadora de juegos, no recuerdo muy bien el nombre o la marca, lo que recuerdo es que mi tío, que en ese tiempo estaba trabajando en Estados Unidos, les envió una laptop que estaba diseñada exclusivamente para jugar, y mis primos muy generosamente me la prestaban cada vez que yo se los pedía.

También me gustaba mucho desarmar las cosas, como relojes, lámparas, controles, etc., todo lo que fuera mío o ya no le sirviera a nadie, lo desarmaba y con las partes trataba de armar cosas nuevas, y era un gran logro cuando lograba encender las luces de mis creaciones. Esto se lo debo en mayor parte a mi abuelito, quien se dedica a reparar aparatos electrónicos, y él fue el que me enseñó mis primeras lecciones sobre electrónica en su taller.

De mis clases de computación, qué puedo decir, fueron mis padrinos de bautizo los que, cuando yo tenía entre 10 y 12 años, me pagaron los primeros meses de clases en la única academia de computación que había en el pueblo, no era una academia muy buena, pero ahí aprendí a usar Word, Excel y Power Point. Cuando entré al magisterio, también recibí clases de computación, pero realmente no aprendí mucho, a lo sumo a hacer macros en excel.

A los 15 años mi mamá me compró mi primera computadora, era una dell con procesador pentium III, no tendría más de 40 GB de Disco Duro y 512 MB de Ram, era blanca, de esas que traían el case horizontal, usada, lenta, pero yo la amaba!

En el año 2008, mi vida comenzó a dar un giro inesperado, decidí que quería estudiar una ingeniería, pero también decidí que no sería cualquier ingeniería, quería estudiar ingeniería en computación, pero quería estudiar en una de las mejores universidades, en la Universidad del Valle de Guatemala. Pero esta decisión apenas era un sueño, un sueño que yo debía hacer realidad, y para lograrlo sólo tenía que poner en práctica tres cosas, esfuerzo, perseverancia y dedicación. Y así lo hice, en el mes de marzo decidí aplicar al programa de Becas Universitarias de la Fundación Juan Bautista Gutiérrez, dicho programa otorga becas para que jóvenes talentosos de escasos recursos económicos puedan continuar sus estudios universitarios. El proceso no fue fácil, pasé por una serie de fases, pruebas de aptitud, exámenes psicológicos, entrevistas y estudios socioeconómicos. Yo soy una persona muy católica y mi vida gira en torno a Dios, así que desde que inicié el proceso, no hubo un solo día en el que no rezara para que me otorgaran una de las seis becas disponibles para el 2009; y así fue, a finales de octubre del 2008 me otorgaron una de las becas para estudiar Ingeniería en Ciencias de la Computación en la Universidad del Valle de Guatemala.

En el año 2009 empecé mis estudios universitarios, con mucho nerviosismo y mucha emoción, aunque también con un poco de miedo, miedo porque tenía muy pocos conocimientos de cálculo, física, química y ninguno de programación. El primer semestre fue difícil, más por la adaptación al cambio de vida, mi vida había dado un giro de trescientos sesenta grados, estaba en una ciudad que no conocía, lejos de mi familia y amigos, y enfrentándome a una carrera que es todo un reto para cualquier persona con un coeficiente intelectual en el rango promedio. Por otra parte, para conservar la beca debía mantener un promedio superior a 85 puntos, situación que me preocupaba mucho, porque al inicio me empezó a ir muy mal en las clases, y sentí que no iba a lograr obtener buenas notas.

El ambiente en una carrera como esta y similares es bastante difícil para una mujer, ya que en su mayoría los estudiantes son hombres, y las mujeres tenemos una gran desventaja sobre ellos, estamos delegadas a un segundo plano en una sociedad machista como la nuestra. En muchas ocasiones tuve que aguantarme las ganas de llorar, al escuchar comentarios sexistas de parte de mis compañeros, para una mujer que fue educada en un hogar con muchos valores y en donde el respeto es la base de la convivencia, es muy difícil escuchar comentarios que degradan la dignidad de la mujer y que cuestionan su capacidad para estudiar carreras que, de acuerdo a nuestra sociedad, fueron diseñadas únicamente para hombres.

El ambiente universitario cada vez se hizo más intolerable, motivo por el cual, con una amiga de la carrera decidimos acudir a la oficina de consejería estudiantil, en donde nos brindaron terapia de grupo y las relaciones con nuestros compañeros de carrera fueron mejorando.

No recuerdo un solo semestre en el que no haya sufrido, los desvelos, las privaciones de vida social, el estrés y el sacrificio se hicieron presentes. Cada año los cursos se hacían más difíciles, pero siguiendo en la línea del esfuerzo, perseverancia y dedicación, fui ganando cada uno de ellos. Tuve mucho miedo en dos cursos, los de Compiladores, ahí me llegué a cuestionar si realmente yo era buena para esta carrera, compiladores I fue mi talón de aquiles, pensé que hasta ahí había llegado, no podía programar mi propio parser, menos podría programar mi propio compilador en el curso de Compiladores II, creí que perdería el curso y me quitarían la beca, pero gracias a Dios tuve un maestro brillante, que me ayudó mucho y me tuvo mucha paciencia, sin él hubiera sido imposible ganar ambos cursos, y aunque los gané con la nota mínima, puedo decir que aprendí mucho más de lo que me imaginé.

En febrero de 2012 apliqué para el programa de becas de una empresa de tecnología reconocida en Guatemala, GBM – An IBM Alliance Company. Dicha empresa beca a estudiantes sobresalientes en alguno de sus departamentos para aprender por todo un año el Know-How de esa área, para posteriormente hacerles una oferta de trabajo en cualquiera de sus vacantes. El proceso de selección fue un poco largo, pero en agosto me notificaron que había sido seleccionada para pertenecer al programa de becas, y así fue como ingresé al mundo laboral. En el trabajo las cosas fueron distintas, no se parece mucho a la universidad, pero de lo que sí me dí cuenta, es que tienen una cosa en común, es un lugar en el que se puede aprender mucho.

Actualmente estoy en mi penúltimo semestre de la carrera, con muchas responsabilidades y la presión de cerrar pénsum a final de año, pero no hay nada más gratificante que verse a uno mismo en este punto, ver que, como me dijo una persona un día, contra todo pronóstico he llegado hasta donde estoy. Nunca se me van a olvidar las palabras que escuché de un compañero al entrar a la universidad, se refirió a mí diciendo: “ella no va a aguantar ni el primer año en esta carrera, en compu son pocos los que aguantan, y menos si es mujer y viene del interior del país”; estas palabras me calaron, cómo es posible que en pleno siglo XXI aún se tengan ese tipo de prejuicios, pero es la realidad en la que vivimos, en donde son muy pocas las mujeres que se abren campo en el mundo de las ciencias tecnológicas, y son aún menos las que, en un ambiente liderado por varones, conservan su esencia femenina y destacan por sus conocimientos y su tenacidad.

Espero que mi historia sirva para animar a muchas mujeres a estudiar carreras mal etiquetadas como “carreras para hombres”, ingenierías en sistemas, electrónica, mecatrónica, mecánica, ciencias de la computación, etc.; y que sea una prueba de que con esfuerzo, perseverancia y dedicación, todo se puede lograr, aún contra todo pronóstico.

Un abrazo a todas y todos los que leen este blog, y gracias a las personas de Girls@tech por darme la oportunidad de expresarme en un espacio tan importante para el género femenino.
Twitter : @anasilvia_sal